
El fascismo del siglo XXI no necesita botas ni desfiles: basta con normalizar la violencia, vaciar las palabras y llamar libertad a la obediencia.
La pregunta no es si Estados Unidos es formalmente un país fascista. No lo es. La pregunta relevante es otra: cuántos de los rasgos del “fascismo eterno” descritos por Umberto Eco operan hoy con total normalidad en su sistema político, su cultura y su aparato de poder. Y la respuesta es inquietante.
La pregunta no es si Estados Unidos es formalmente un país fascista. No lo es. La pregunta relevante es otra: cuántos de los rasgos del “fascismo eterno” descritos por Umberto Eco operan hoy con total normalidad en su sistema político, su cultura y su aparato de poder. Y la respuesta es inquietante.

















